La virtud de identificar lo que comes
Fidelidad por los sabores en el Restaurante Melba de Vic
María, propietaria del lugar, recibe a sus clientes asegurándoles un menú que será indudablemente fiel a los sabores de los ingredientes cocinados. “Ninguno de nuestros alimentos están alterados con componentes químicos”, añade. El restaurante Melba oferta lo que se conoce como “cocina biológica”: platos de elaboración propia con alimentos de temporada que bañan el plato de un sabor natural sin adulterar.
El cliente se prepara para probar lo que le han prometido. Olivas negras de Aragón y un pan artesano de Espinelves que entristece cuando falta en la mesa, sirven de teloneros para un generoso estofado de judías y bacalao de sobresaliente. Alcachofas, cebolla, pimiento y morcilla terminan de completar este serio primer plato que recuerda al buen comensal el disfrute y la virtud de identificar lo que se come. Un guiso vivo en el que los ingredientes tienen algo propio que ofrecer: un sabor no vetado ni por exceso de especies ni desmedidas salsas.
El segundo plato apresa por la delicadeza y suavidad de una sepia en su tinta que se gana al cliente en las primeras cucharadas de un guiso elaborado bajo la premisa de calidad por encima de cantidad. Respetando la pauta de la “cocina biológica”, la guarnición la completan unos guisantes verdes de temporada tiernos y en su justa medida.
El apartado postres seduce en su presentación y conquista paladares que difícilmente los dejarán en el olvido. Un ligero tiramisú de bizcocho empapado en ron, horneado en su punto o un helado de flor de romero como propuesta de un dulce arriesgado, son ejemplos magistrales de cómo conseguir que el cliente reserve mesa de nuevo. Minimalista, espacioso y elegante, Melba se da a conocer con un servicio competente y preparado que conoce el producto que ofrece, lo vende muy bien, y lo cocina mejor.