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La virtud de identificar lo que comes

 

Fidelidad por los sabores en el Restaurante Melba de Vic

 

María, propietaria del lugar, recibe a sus clientes asegurándoles un menú que será indudablemente fiel a los sabores de los ingredientes cocinados. “Ninguno de nuestros alimentos están alterados con componentes químicos”, añade. El restaurante Melba oferta lo que se conoce como “cocina biológica”: platos de elaboración propia con alimentos de temporada que bañan el plato de un sabor natural sin adulterar.

El cliente se prepara para probar lo que le han prometido. Olivas negras de Aragón y un pan artesano de Espinelves que entristece cuando falta en la mesa, sirven de teloneros para un generoso estofado de judías y bacalao de sobresaliente. Alcachofas, cebolla, pimiento y morcilla terminan de completar este serio primer plato que recuerda al buen comensal el disfrute y la virtud de identificar lo que se come. Un guiso vivo en el que los ingredientes tienen algo propio que ofrecer: un sabor no vetado ni por exceso de especies ni desmedidas salsas.

El segundo plato apresa por la delicadeza y suavidad de una sepia en su tinta que se gana al cliente en las primeras cucharadas de un guiso elaborado bajo la premisa de calidad por encima de cantidad. Respetando la pauta de la “cocina biológica”, la guarnición la completan unos guisantes verdes de temporada tiernos y en su justa medida.

El apartado postres seduce en su presentación y conquista paladares que difícilmente los dejarán en el olvido. Un ligero tiramisú de bizcocho empapado en ron, horneado en su punto o un helado de flor de romero como propuesta de un dulce arriesgado, son ejemplos magistrales de cómo conseguir que el cliente reserve mesa de nuevo. Minimalista, espacioso y elegante, Melba se da a conocer con un servicio competente y preparado que conoce el producto que ofrece, lo vende muy bien, y lo cocina mejor.

Lograda armonía entre comida y vino

 

Menú generoso en el restaurante Basset de Vic

 

La combinación correcta entre comida y vino se convierte en bendición para el comensal del Basset, un céntrico restaurante en el casco antiguo de la ciudad de Vic, que destaca y encanta por el vino que oferta en su menú. Con afrutado aroma y fina textura, un vino tinto de la cuenca del Mediterráneo beneficia a un generoso menú de tres abundantes platos más postre. Una armonía entre comida y vino más que lograda.

Cocina catalana y de mercado es el lema comercial de este restaurante que llega a la mesa con una tradicional crema de verduras todavía terminando de hervir en el plato. A pesar de no alcanzar la originalidad que mereciera un toque de modernidad en el diseño, la crema es servida con rapidez y acompañada muy acertadamente de un vinagre balsámico que, no conforme con decorar, conecta genial en sabor con éste alimento casero.

De segundo plato el Basset oferta una paella mar y montaña que no alcanza el nivel de exigencia requerido para un plato tan delicado. Falta de sabor y demasiada sequedad en el arroz convierten en difícil tarea conseguir acabar con el plato. Se echa en falta color, variedad gastronómica, y el sabor de unas verduritas que hubieran elevado notablemente la gracia de una paella que podría haber sido todavía “más catalana”. Como tercer plato el cliente se merece una explosión de sabor. Y la tiene. Se recrea con un sabroso filete de salmón bañado en una salsa de naranja en su justa cantidad y textura. El postre no destaca ni por una elaboración propia ni por llegar a tiempo. Más bien se retrasa en exceso y el huésped lo recibe con ganas de pedir el café.

El Basset es un local mimado por un personal que trabaja a gusto. El servicio es desigual. La diferente experiencia de unos y otros camareros dificulta la consecución de un trato igualitario. No obstante, el cliente no se siente desatendido, aunque, eso sí, puede que sus peticiones entre un y otro plato se retrasen. Peticiones como la falta de agua y de pan indispensables de ser resultas al momento. En cuanto al diseño del lugar, sus comedores se suman al resto de bodegones que optan por conservar fielmente restos de la arquitectura tradicional, al mismo tiempo que aportan un aliento de modernidad que tanto maravilla al comensal. Un ambiente hogareño con un toque elitista que deja la huella de una buena intención culinaria.

Desfile de tapas marineras en el restaurante mallorquín La Cuchara

 

Deliciosa Fideuá servida con cuchara

 

“La Cuchara” da nombre a un pequeño restaurante situado en la ciudad de Palma de Mallorca. Un local acogedor que plasma en sus platos el gusto por lo tradicional y la cocina casera. Con un criterio de selección más que exigente ofrece a sus clientes una ruta gastronómica por los platos de la cocina regional más simbólica de la geografía española. Platos de la zona de Castilla y León, específicos del País Vasco, Catalunya y Andalucía se sintetízan en una carta de más de 30 tapas (pequeñas, medianas y grandes raciones) que combinan personalidad, buen gusto y un sentimiento de orgullo por la cocina del país.

Las tapas desfilan una detrás de la otra respectando los tiempos de degustación propios de cada cliente. Es el turno de la Fideuá. Delicioso plato marino característico de la Comunidad Valenciana similar a la paella y beneficiaria de la genial idea de sustituir el arroz por los fideos. Sustitución ganada por este restaurante que ofrece diariamente en su oferta al menos un plato a servirse con cuchara. Sin duda, la deliciosa Fideuá será la mejor cucharada que podrá servirse el cliente.

Una pizarra de sugerencias del día escritas con tiza al más puro estilo mediterráneo sirve de carta de presentación para los postres. Exquisitos y originales serían los adjetivos idóneos para definir el carácter y buen gusto de una variedad pastelera que llega a la mesa después de una laboriosa tarea de preparación. Elaborado al momento y servido en un tiempo justo el soufflé de chocolate lidera la lista de los postres más recomendados, sobretodo para ti, “chocolate adicto”. Como complemento perfecto La Cuchara cuenta con una amplia oferta de vinos que alberga en una bodega propia. La oferta vinícola es enorme y se extiende a todas las regiones españolas reconocidas por ofrecer vinos de calidad.

El comedor ofrece un servicio cordial, muy humano a la vez que profesional. Una combinación de cualidades que se reflejan en los platos y condicionan una gustosa charla entre amigos. La Cuchara es un local cómodo apropiado para grupos pequeños que requieran de un salón tranquilo. Impactan sus platos de diseño con enormes y coloridas cenefas, ninguna igual a la anterior, todas igual de fascinantes. El cliente no acabará comiendo en ellos, ¡Lástima!